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martes, 3 de junio de 2014

¿Por qué la vida es difícil? Segunda herramienta: Lo mejor es enojarse



En el primer artículo de la serie nos planteamos  la siguiente pregunta:

¿Cuáles serían esas herramientas que necesito tener para  dejar que la vida se manifieste como es sin temor a que esa misma vida me asfixie? 

En el segundo artículo platicamos sobre la primera herramienta: “Para ir alegre en el mar embravecido”
Ahora platicaremos de la segunda herramienta. Tal vez en este momento comiences a considerar seriamente que el control sobre cómo te sientes está en tus manos implica un cambio de perspectiva tremendo. Puedes ver que la vida es como es y que el que tiene que cambiar o la que tiene que cambiar eres tú si deseas tener otra calidad de vida. Entendiéndose la calidad de vida como la capacidad de fluir con la vida sin necesidad de protegerse de ella.

Vamos a listar la segunda herramienta:
·         La segunda herramienta nos pide “tener la capacidad de expresar enojo, ya sea enojo del pasado o del presente, de una manera clara, coordinada y precisa”

El pasado no puede cambiarse, pero sí podemos cambiar la forma en que nos sentimos con respecto al pasado.  Los acontecimientos que nos han sucedido en la vida tienen un propósito, pero, por un momento quisiera que te conectadas solamente con la emoción. Trata de conectarte con el enojo que sentiste en ese momento. No importa si ese enojo está o no está justificado. No importa si el enojo fue por una causa o razón que  no entendiste. No importa si en el presente entiendes las razones del enojo. La solicitud que te hago es que apagues un momento el intelecto y trates de conectarte solamente con el enojo. Digamos que el ejercicio es conectarte con el enojo en bruto, es decir, sin que medie ninguna clase de razonamiento a favor o en contra de la situación.

Ahora imagina que durante un episodio de tu vida se formo un pequeño lago de agua cristalina en el patio de tu casa.  El lago representa el enojo producido por ese episodio. No importa el motivo del enojo, el enojo existe, el agua está ahí en el patio trasero de tu casa.  Al principio el agua es cristalina pero al paso del tiempo comienza a tener la apariencia y el olor del agua estancada.  Como nos han dicho que el agua estancada es irracional o primitiva, en lugar de dejar correr ese líquido que ya no debería estar ahí, lo que la mayoría hace es guardar el agua descomponiéndose.

Cuando se encuentra guardada el agua continúa su proceso natural de descomposición. Después de un tiempo comienza a oler peor. La estrategia que la mayoría elige es la racionalización: figurativamente colocamos el agua en envases herméticos y después enterramos esos envases.

El asunto del agua no se ha solucionado pero al menos está “contenido”. Las  ideas  que utilizamos para justificar que nuestro enojo  se encuentre guardado  bajo tierra son parecidas a estas:

  • “¿Para qué mover el pasado?, eso ya pasó”
  • “Ahora entiendo la razón, por tanto no hay motivo para enojarme en este momento”
  • “Si me enojo atraigo cosas negativas así que prefiero pensar positivo que volverme a enojar por algo que no puedo cambiar”
  • “Si los demás se dan cuenta que continúo enojada o enojado por esa situación me tacharan de inmaduro o inmadura”
  • “Si me enojo me voy a meter en problemas así que mejor no lo hago”


Podríamos mantener eso indefinidamente si no fuera por un inconveniente: el universo te refleja siempre lo más profundo de ti.  Esto es, primero te reflejará en tu cotidianidad todo el enojo que tienes guardado y después te reflejará la personalidad y las ideas que tienes en la superficie. Así, no sirve de nada “estar en paz” o “comprender” en la superficie si en el fondo todavía te encuentras enojada o enojado en lo más profundo.

La tarea es sacar el agua que se encuentra estancada o enterrada. El objetivo es una sensación de libertad, de frescura, de levedad y de confianza que se obtiene después de reconocer que el enojo se encuentra ahí, respetarlo y después dejarlo ir.  El enojo debe sacarse de  una forma física y de una manera verbal.
Algunas directrices para realizar esta tarea son:

  1.        Sacar el enojo no implica que tengas que hablar con la persona que te hizo enojar. 
  2.        Sacar el enojo debe hacerse con el propósito de sanar y no de revanchismo.
  3.        Sacar el enojo físicamente consiste en realizar un acto expresando ese enojo de una forma que no lastime a nadie. Puedes por ejemplo golpear la cama con tus manos o gritar a todo pulmón en un sitio donde nadie te escuche.
  4.        Sacar el enojo verbalmente consiste en contar a un amigo con qué estás enojada o enojado. Pídele a ese amigo que no te de consejos ni que valore si el enojo es justificado o no, solamente que te escuche.
  5.        Por supuesto: va a oler muy feo al principio el agua que se va después de estar tanto tiempo estancada. No te asustes, déjala seguir, es para curar.
  6.        Sacar el enojo no significa que seas primitiva o primitivo, todo lo contrario.


Después de hacerlo con el pasado, podrás hacerlo con el presente. El objetivo es que te parezcas a un pato. Cuando están en el estanque los patos son muy apacibles. En ocasiones existe una fricción entre ellos. La pelea dura unos segundos y después cada pato por su lado se sacude. Un segundo después de sacudirse, el pato se encuentra completamente en paz. Su pasado ya no existe.

Otro ejemplo puede ser un niño de cuatro años que se acaba de caer de la bicicleta. Cuando se cae el niño llora desconsoladamente. Llora de miedo de dolor y de enojo. No está evaluando por qué se cayó o si debería haberse o no caído. Tampoco está pensando si  su enojo está o no justificado. Sólo llora. Tres minutos después se encuentra como si nada porque se dio el permiso de “dejar ir” esas emociones.

Date el permiso de enojarte para sanar. Date el permiso de no cargar el pasado (injusticias que sufriste, dolor que te causaron, metas no realizadas) como una justificación de tu comportamiento actual. Date el permiso de sentirte ligera o ligero.


Con la práctica te parecerá obvio  y fácil el proceso. Los demás se preguntarán cómo es que la vida parece ser más ligera a tu alrededor. Si alguno te pregunta de manera directa, dile que lo mejor… es enojarse.

domingo, 29 de agosto de 2010

Las perdidas

Siempre, en este camino del trabajo interno, hay una cosa que pierdes por estar en este camino. Tienes que renunciar a ello y aun que duela, abandonarlo, porque no podrías cargarlo mientras aprendes a volar. La garantía es que después que aprendes a volar, eso de lo que renunciaste regresa a tu vida cotidiana de manera natural y a raudales. mientras tanto hay que renunciar a eso,  casi casi para siempre.

Estoy sumamente triste por renunciar a eso. Se que después vendrá, pero por ahora no esta y estoy triste.

El pago al drama

Cuando tenemos una preocupación o un enojo o miedo sobre algo que sucedió en el pasado o que pensamos que va a pasar en el futuro, tenemos la tendencia al drama. Nos preocupamos o tenemos miedo, o ansiedad sobre hechos en donde se involucraron, o involucran personas.  Nuestro cerebro esta acostumbrado a realizar eso porque hemos aprendido a utilizar el pasado como una forma de justificar las acciones que hacemos en el presente.  El pasado por si mismo no tiene suficiente fuerza para justificar para siempre neustra acciones, a menos que le agreguemos la contextualización adecuada para que tenga el suficiente peso social que nos permita, sin lugar a criticas o dudas, ejercer acciones no sanas en nuestro presente.

Por eso nos volvemos adictos al pasado y al drama, al pasado por la materia prima y al drama como justificativo. Si queremos dejar de sufrir, es importante que reconozcamos en que parte o partes de nuestra vida estamos utilizando el pasado como justificación de nuestras acciones no sanas presentes. Es fácil identificarlo. Desconfío?, si desconfío es porque tengo la justificación para hacerlo porque alguna vez me defraudaron o soy arisco porque en el pasado, una o varias veces me agredieron sin razón. He aprendido

Si no tuviéramos en el pasado, no tendríamos la justificación para actuar como actuamos, tendríamos que hacernos responsables de nuestras acciones. Absolutamente responsables, ya no podríamos echarle la culpa  alguien o algo. Sólo seriamos nosotros.

Por eso tenemos la tendencia al drama, porque sin él creemos que no podríamos ser competitivos en el mundo cotidiano, porque al hacernos responsables, lo que quedaría, la gama de  opciones de comportamiento disponibles, no nos permitiría sostenernos en un mundo que creemos agresivo.


 Hay muchas formas de salir del drama , pero lo más importante es querer salir del drama. La auto responsabilidad representa libertad, no podemos ser libres si no hemos tomado toda la responsabilidad sobre nuestras vidas.

Leí sobre seto por primera vez en el libro azul de Ramtha, por lo que recomiendo encarecidamente se lea en original sobre este aspecto.

lunes, 3 de agosto de 2009

La tentación


¿Cuál es la mayor tentación de todas?

Seguramente, es bastante probable, siempre se querrá regresar, retroceder, no saber. Algunas de esas cosas pueden hacerse , otras no.

Se puede dejar de avanzar, se puede olvidar, pero no es posible desaprender. Algunas cosas es posible olvidarlas por completo, pretender que nuna existieron, otras son como andar en bicicleta, puede no practicarse y cuando se hace de nuevo costará más o menos trabajo adaptarse de nuevo a ese proceso. Sin embargo no es posible desaprender a leer: una vez que se ha adquirido esa habilidad, pero más, esa experiencia, no es posible estar frente a ese conjunto de letras y pretender sinceramente que le es posible interprentarlas.

La mayor de las tentaciones tiene sólo dos de las naturalezas descritas: es imposible desaprenderla y cuando más podemos dejarla a una lado.

Hablo de hacerse responsable, la mayor tentación es dejar de hacerse responsable de sus propias creaciones. por supuesto, no puede olvidarse por completo que alguna fuimos repsonsables de nosotros mismos, sólo podemos evadirlo.

Por eso, esto del camino espiritual siempre es una opción, pero hay partes del camino andado, que solamente pueden deshacerse parcialmente.